Blog de vampirodelibros

Casi 19 años

Escrito por vampirodelibros 02-04-2018 en Libros. Comentarios (0)

Camino ya de los 19 años abandoné la venta de aspiradoras y encontré trabajo en una fábrica de Panasonic, en un pueblecito muy mono a unos diez kilomentos hacia el norte de Girona, Celrá. Adivinad que fabricaba esa factoría; sí, aspiradoras. Pasé de venderlas a fabricarlas. Bueno, solo una parte. Yo le ponía el mango al tapacubos y la goma en una cadena de montaje de pesadilla. Algunos de los personajes que trabajaban allí eran variopintos; sin duda alguna, una gran flora y fauna digna de estudio. El encargado erá también uno de los especimenes más destacados que habría hecho las glorias a un buen equipo de psiquiatras. El horario de tortura era de de 8 a 13 y de 14; 15 a 17;30, con varios descansos de 10 minutos en medio. Pero había que llegar antes para hacer una danza muy extraña, algo muy místico que alguna vez había venido a grabar algún canal de televisión de la época, sin lugar a dudas, por lo pintoresco que resultaba. A las 13 horas ibamos al comedor donde se servía un menú por un módico precio. En fin, aquello fue una trampa. En esa cueva trabé amistad con Nieves, una señora de la limpieza que vivía en el mismo pueblo, con su hija, que era una de las operarias de aquella pesadilla, y en cierto modo con la esposa del encargado ya mencionado a la que siempre consideré una pobre víctima. Como casi nadie hablaba con ella algunas veces mantuvimos conversaciones. Meses después de dejar ese trabajo me la encontré en la puerta de El Corte Ingles, que a la sazón, por aquellos entonces estaba delante de mi casa, y me pidió que la acompañará a la sección joyería donde comenzó a probarse joyas como una loca. Recuerdo que se puso múltiples anillos y pulseras. Creo que se compró joyas por valor de varios cientos de miles de pesetas. Yo le observaba su extrema delgadez y recordaba los murmullos y las lenguas de doble filo que la criticaban en la fábrica; podía pasar todo el día trabajando comiendo sólo una manzana. No tuvieron piedad con ella. Era madre de una niña pequeña a la que yo ya había conocido antes en uno de nuestros encuentros fortuitos. Algún tiempo después alguien me dijo que se intentó suicidar y no lo consiguió, pero quedó en un estado comatoso y se encontraba en una residencia. Recuerdo que un intenso resquemor atravesó mi pecho.

Nieves me invitó a comer una vez a su casa. Era una mujer con el rostro cansado, pero muy guapa y con los ojos de un azul claro precioso. Hizo un arroz riquísimo. Tenía cinco hijos, pero solo se encargaba de los dos pequeños ella sola, creo recordar que era viuda y que los dos hijos mayores le creaban muchos problemas. Como ha he mencionado, su otra hija, trabajaba como operaria en la misma factoria. Con el tiempo perdí el contacto tanto con ella como con los los hijos suyos con los que tuve relación. Allí, en la Panasonic, también conocí a Carmen Sánchez. Ella trabajaba el la misma fábrica pero en otra producción. Con ella tuve un poco más de contacto en el tiempo; con ella y con su marido y su hermana, Paquita Sánchez. Algunas veces, cuando me sentía muy solo, sabía que ellos iban a comer siempre los sábados a las 14 horas al self - service Migdía, en la plaza que ahora se llama Miquel Santaló i Pavor. Me admitían en su grupo y luego dábamos un paseo. Una de las veces me llevaron a Lloret de Mar. No era la primera vez que iba pero sí la primera que paseaba por determinadas zonas. Por fin pude ver la tienda de damasquinos y artesanías toledanas que regentaba un señor que yo conocí en Toledo, cuando, a mis 14 años recogía cartones en un supermercado llamado LONVEL y en el que los carniceros me daban las cajas de desperdicios carnicos para los perros. Este señor me los compraba por 200 pesetas de la época, que para mí era mucho dinero. Cuando le ví en Lloret le saludé y al acordarse se sorprendió mucho de verme. Fue una tarde agradable dentro de mi rutinaria soledad. Quién me diría que años más tarde acabaría viviendo a 6 kilometros de esa villa.

Tengo que agradecerles su ayuda a estas intensas damas. Se portaron muy bien. El tiempo es cruel y hace que todo se diluya. Perdí el contacto y no sé que ha sido de ellas. Las últimas noticias que tengo es que la vida no las trató muy bien. Qué pena. Escuché que la empresa Panasonic deslocalizó la factoría de Celrá y la envió a Europa del este. Y ese encantador pueblecito al norte de la capital gironina ahora es un lugar tomado por las esteladas y los rebeldes separatistas. En fin. Todo cambia. Algunas cosas para peor. Yo siempre, hasta que aprendí, cometí un típico error de inmaduros; y es que cuando algo es bueno, hay que agarrarlo fuerte y no dejarlo escapar. La evolución del tiempo me llevó por otros derroteros, pero muchos de los que dejé atrás me ayudaron, me enseñaron a vivir, pero ellos mismos, algunos, no aprendieron.


18 años

Escrito por vampirodelibros 02-04-2018 en tiempo. Comentarios (0)

Cuando yo tenía 18 años vivía solo. Había conseguido alquilar un pequeño apartamento en la calle Garbí, justo al inicio de la población de Salt, pegado a Girona; para mí eso resultó ser un gran logro. Me sentía importante y a la vez triste porque no tenía a nadie con quien compartirlo. Joaquina me ayudaba en eso; siempre estaba cuando la necesitaba, me escuchaba, me aconsejaba, a veces me reñía.... Y nos reíamos mucho juntos. ¡Cuanta paciencia tuvo conmigo! Porque yo era como un animalito herido... Y con los años aprendí por experiencia que la gente común huye de esos problemas. Pero ella no, ella se propuso ayudarme y lo consiguió.
En aquella época no había móviles ni ningún servicio de mensajería, y yo no tenía teléfono en casa. Iba a una cafetería que había en frente, en el Carrer Major. Cuando necesitaba decirle algo, allá que me iba con mis monedas y la llamaba. Los camareros ya me conocían; yo era el chico del teléfono. Cuando me veían abrir la puerta del local me preparaban el auricular y ponían el contador.
En febrero del año 91 comencé a trabajar de auxiliar de enfermería en el hospital Salus Infirmorum de Banyoles, por un mes. Fue mucho más que suficiente. Estaba regido por monjas. Las visiones no eran muy edificantes. Cuando terminé conseguí trabajo en una empresa de curtidos en la misma localidad. Allí trabajaba un señor llamado Josep Solá; un hombre muy agradable y con un corazón como un imperio. El me llevó a conocer una fuente de la que cogía agua para beber. Estaba en la carretera de subida a roca Corva. Una de las fuentes naturales más bonitas que jamás he visto. Arriba del todo, en la cumbre, había, y continua habiendo, supongo, unas vistas espectaculares del horizonte verde de la provincia, hasta las Gavarres, y mucho más allá; al norte, al este... Al oeste poco porque es muy montañoso. Qué aire se respiraba. Allí se encuentran unas antenas de telecomunicaciones. Josep me explicó que los lugareños dicen que la cumbre tiene forma de barco. Yo no le encontré nunca esa forma. Cuando terminé de trabajar en los curtidos de Banyoles, entré a trabajar en la venta de aspiradoras Electrolux. Bueno, eran aspiradoras y pulidoras, si me escuchara el jefe ahora diría: " Que no son pulidoras, son acristaladoras". Iba de casa en casa ofreciendolas. De esta forma, y con un equipo de vendedores me recorrí toda la costa de la provincia de arriba a abajo. La pena es que perdí casi el contacto con Josep. Después de aquello lo vi un par de veces más pero luego... Las circunstancias y el tiempo no perdonan. En una de las ocasiones en las que nos encontramos y hablamos me contó que el director de la empresa de curtidos hizo un desfalco y desapareció. La empresa tuvo que cerrar y enviar a todos al paro. Jose Solá sé que aún vive y que es muy mayor. No me gustaría que se muriera sin decirle lo mucho que tengo que agradecerle.
La delegación de Electrolux estaba en la calle del Bisbe Sivilla, justo enfrente del Central Park. El jefe supremo de la delegación de Electrolux era realmente pintoresco. Un hombre bajito y calvo, gordo, con mucho caracter y una gran personalidad. Sabía hablar y vender, sin duda alguna. A pesar de no estar muy agraciado era todo un Don Juan. Conmigo y otros dos más entró una mujer a vender. Era morena, guapa sofisticada, un poco más joven que él. El primer día se comieron con la mirada. Probablemente llegaron a algo más que la mirada porque ella desapareció de allí. Unos meses más tarde él explicó que sí hubo algo, pero ella consumía estupefacientes y por eso él rompió la incipiente relación. En aquel tiempo conocí a Alfonso Plata. Era uno de mis compañeros de trabajo en Electrolux. Con él trabé una amistad que se extendió por los años. A pesar de que en estos momentos no me llegan noticias de su vida sigo sintiendo por él un gran y profundo cariño, por él y por su esposa; dos grandes personas. En el trabajo aguanté todo el verano. Fue realmente interesante y gracias a él tuve grandes esperiencias. Al señor Reich, que así se llamaba, le gustaba que le compararan con Jordi Pujol. Un cierto aire se daba, incluso en la forma de hablar... Pero no tenía ningún merito, pues en aquel entonces Pujol era como un dios y muchos le imitaban; a veces no solo lo imitaban sino que algunos conseguían parecerse.
Un par de años después, en uno de mis muchos paseos con mi querida Quimeta, nos dejamos caer por allí y le quise saludar. Nos hizo pasar a su despacho y hablamos. Le entregué un revista biblica y él la aceptó. Al salir, Joaquina no cabía en sí de gozo... Me decía con su sonrisa caracteristica y su mirada tímida pero a la vez picaruela:
- Después de tantos años ¡ un hombre me ha vuelto a llamar nena! - Toda emocionada. De allí marchamos los dos riendonos a carcajadas mientras cruzabamos el Central Park gironí. En unos minutos llegamos a la plaza Migdia y acabamos el paseo aderezando la tarde con un café y unos bollos; nada fuera de lo habitual.
Yo no sé si encontrar tan buena gente fue suerte, o no; pero lo cierto es que las personas buenas existen... O por lo menos es lo que deseo creer.

La Corriente del tiempo

Escrito por vampirodelibros 02-04-2018 en Libros. Comentarios (0)

Me gusta recordar, porque cuando lo hago puedo paladear los momentos exquisitos que hemos vivido. Hoy, mientras hacía mi guardia en el hospital he visualizado la ciudad de Girona, de norte a sur, de este a oeste. Me encanta. Es el lugar donde me hice hombre, en donde fui a la universidad y en donde encontré una madre adoptiva que supo llenar el hueco tan horrible que llevaba mi joven e inexperto corazón. Yo soy nacido en Alemania, de familia castellana, pero suelo decir que soy de Girona. Se llamaba Joaquina... Mi Quimeta; mi angel. Aún guardo en la memoria sus sonrisas, sus expresiones, sus miradas. Que gran mujer. Muchas veces solíamos pasear. Charlabamos a cada paso. Ella odiaba caminar si no llevaba un buen calzado, enseguida le molestaban los pies. En invierno e inicio de la primavera portaba unas botas muy peculiares con las que decía que iba muy cómoda. Vivía en una casona situada entre la avenida Montilivi y la Lluis Pericot. Cuando salíamos usábamos cualquiera de ellas para bajar hasta la calle Emilio Grahit y de ahí cruzar a la calle del Carmen por la pasarela de la Font del Rei. En esa zona, a mano izquierda había un lugar ajardinado con grandes arboles que daban sombra muy agradecida en primavera y verano. Pero lo que ella buscaba eran los bancos aposentados bajo sus ramas. Solíamos llevar una carpeta con revistas y aprovechábamos para hacer algo de ministerio; ofrecíamos revistas bíblicas a los transeuntes. Observábamos atentamente la calle peatonal que transita paralela al cauce canalizado del río Onyar y cuando veíamos acercarse a alguien nos levantábamos y le ofrecíamos una publicación para su lectura. Luego volvíamos a sentarnos. Ni que decir tiene que entre tanto había charla. Me acuerdo de su mirada traviesa y su sonrisita pícara cuando tras ofrecer la revista se volvía al banco donde reposaba de nuevo. Allí se encontraba muy bien. Qué felices eramos y con qué poco. Ahora la echo mucho de menos. Han pasado años y todavía no me puedo creer que un día de primavera decidiera dormirse, ya para no despertar hasta que el nuevo mundo....
Jamás olvidaré que cuando todo se me cerró y yo me encontraba solo, abatido y asustado... Ella me hizo de madre. Mi ángel.